Por: Laura Laris.

Aunque el Mercado de Dinero en México se inició mucho antes de 1982, empezaré este relato a partir de ese año, porque es lo que me tocó vivir, al menos ya de adulto joven (y porque justo con el sexenio de Miguel de la Madrid finalizó un larguísimo periodo de devaluación del peso –el cual inició con Luis Echeverría– durante el cual el tipo de cambio del peso fue de $12.50 pesos a ¡$2,289!

Los años 80: cetes, petrobonos y pagarés

En 1982, prácticamente el único instrumento que se operaba en México eran los Cetes (Certificado de la Tesorería de la Federación), cuya primera emisión se llevó a cabo en 1978, a un plazo de 91 días. Aunque había emisiones esporádicas de Cetes a 28 días, el que se subastaba semanalmente y era referente de la tasa libre de riesgo en México era el de 91 días, que en aquél año inició en 35% y terminó en 58%… sí, cifras volátiles originadas por la Nacionalización de la Banca y la ya referida devaluación del peso.

Además de los Cetes, otros instrumentos financieros eran las emisiones de Obligaciones (bonos a más de un año que generalmente emitían a siete, cuyo emisor más recurrente era Teléfonos de México) y los Petrobonos, bonos de largo plazo (a 5 años) respaldados por barriles de petróleo, en dólares. Obligaciones y Petrobonos daban buenas ganancias (y pérdidas), pero eran poco líquidos.

Bancos como Nacional Financiera también hacían emisiones de papel a 28 y 91 días: los llamados Pagarés con Rendimiento Liquidable al Vencimiento, cuyas tasas eran conocidas básicamente por las publicaciones de los periódicos.

Con la Nacionalización de la Banca y con objeto de pagarle a los antiguos dueños, se crearon también los Bonos de Indemnización Bancaria o BIB (a 10 años, tasa fija, aún más líquidos pero muy volátiles en tasas… casi radioactivos).

Entre 1983 y 1984 los Cetes observaron una relativa estabilidad, lo que llevó a realizar emisiones de Cetes de 28 días, y en 1984 se iniciaron las subastas de Cetes de 182 días. Entonces surgen las Sociedades de Inversión.

Cuando pase el temblor

En 1985 se inician de forma regular las subastas de Cetes de 28 días, continúan los de 91 días y se reanudan los de 182 días. El nivel de tasas empieza a incrementarse para llegar al 76%. Es entonces cuando se decide suspender el mecanismo de subastas y la tasa es fijada por el propio Banco de México.

En 1986 se emiten los PAGAFES (Pagares de la Tesorería de la Federación) que eran básicamente Cetes en dólares. Aunque estaban denominados en dólares “controlados”, eran liquidados en pesos, aplicándose el tipo de cambio vigente.

Es también en este año que se emiten los Bonos de Renovación Urbana para pagar los predios nacionalizados después del terremoto de la Ciudad de México de 1985. Ese año, el nivel de tasas de los Cetes llega a 91% (sí: se regresó al sistema de subastas) y en años posteriores rebasó en múltiples ocasiones el 100%.

El punto álgido se da en octubre de 1987 con el crack bursátil: la inflación anual supera el 150%, lo que obliga a la firma del Pacto de Solidaridad Económica. ¿El resultado? Las tasas pasan de 160% (enero de 1988) a 40% (mediados del año). En esos días también se emiten por primera vez los BONDES o Bonos de Desarrollo, primeros bonos a tasa revisable.

En 1989 se emiten por primera vez los TESOBONOS (Bonos de la Tesorería de la Federación) que substituyen a los Pagafes. Se denominan en dólares “libres”, en referencia al nivel de cotización del dólar. También debutan los Ajustabonos (Bonos Ajustables del Gobierno Federal) que incorporan tasas fijas de largo plazo por primera vez pero que pagan un rendimiento ajustable a la inflación (específicamente indizado al INPC). El instrumento tuvo una fuerte volatilidad en rendimientos, causando fuertes utilidades o pérdidas a quien lo compraba.

El resto de 1988 y 1989 las tasas continuaron en niveles del 40%. La década de los 90 inicia con un largo periodo de interés estables en el bono líder (sí: sigue siendo el Cete), hasta llegar al 11% en marzo de 1992.

Pero la historia ahí no termina, ya que después habrá que analizar el año 1994, un punto de inflexión en la historia económica mexicana.